Casa Mediterráneo, esa entidad que nadie sabe bien qué es

Ayer se inauguró oficialmente la sede de Casa Mediterráneo en Alicante, esa entidad que la mayoría de alicantinos y alicantinas no entendemos bien lo que es ni para lo que sirve. Nos dicen que es importante que una institución como esta tenga su centro en Alicante, lo mismo que la Ciudad de la Luz, Terra Mítica, la Oami, etc. Sin embargo, seguimos sin comprender bien, será que nos faltan luces o que nadie nos lo ha explicado como es debido.

Lo que sí que sabemos es que hace años que se viene restaurando la antigua estación de Benalúa, y parece que está quedando resultona. Mucha gente se ha preguntado si abrirá algún día, qué se hará ahí dentro, si es público o privado (para su información, sí, Casa Mediterráneo es una institución pública, perteneciente al Ministerio de Asuntos Exteriores). En fin, que hay un problemilla de comunicación entre los ciudadanos y el gobierno, nada nuevo.

Pues bien, como venía diciendo, ayer se inauguró Casa Mediterráneo con un concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional de Argelia. Una vez más para mi sorpresa, el aforo estaba completo, con gente muy arreglada y emocionada de entrar después de tanto tiempo a una estación que se ha convertido en un espacio sugerente e innovador (de la mano del arquitecto Manuel Ocaña). Las entradas se podían recoger gratuitamente allí mismo desde 3 días antes del acontecimiento, y se acabaron el segundo día. Sin duda, estábamos intrigados. Para que el público pudiera acceder al concierto, tuvieron que venir cuatro policías locales, porque no hay paso de cebra por el que cruzar a la entidad. Así nos las gastamos en Alicante. Y una vez dentro, todo el mundo en su sitio, la orquesta sentada y bien colocada, salió la directora de Casa Mediterráneo a contarnos lo que venían a hacer allí, todo muy bien dicho, a relatar anécdotas en relación al edificio, y a aclararnos que, por ejemplo, este concierto en concreto suponía un intercambio entre España y Argelia. El director era Ignacio García Vidal, de Cocentaina; la orquesta, de Argelia; las obras interpretadas, de aquí y allá. Y luego, el público absorbiéndolo todo.

Conclusión: que esta institución es un organismo para el intercambio de conocimientos de los países mediterráneos, de diplomacia pública, de cultura, de economía y de lo que haga falta. Todo muy bonito si es para bien, claro. Y en términos económicos, parece que empieza con dificultades, pues hace poco se publicó que el edificio se iba a tener que alquilar a empresas de bodas y exposiciones de vehículos de alta gama para conseguir financiación. En fin, una triste realidad. Porque yo, cuando logré entrar ayudada de los policías y esquivando perfumes, y con el fondo de esas composiciones argelinas tan bien interpretadas, me imaginaba la de actividades maravillosas que se podrían hacer allí si de verdad fuera público, en el sentido más amplio de la palabra: espectáculos de circo (o el Encuentro de Malabaristas anual); proyecciones de películas y cortometrajes creados en la terreta; conciertos; talleres para todos los públicos, etc. En fin, que despierto y dejo de soñar, porque no sé dónde terminará todo esto, y ya se sabe, son malos tiempos para la cultura, y para todo en general.thumbs_alzado-vias

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