SOBRE EL A MENUDO SINSENTIDO DEL AURA ARTISTICA

En la exposición La Fabrique Sonore, de la cual hablé en el ultimo post, había una obra que me llevó a una reflexión relacionada con el arte tal y como se concibe hoy en día.
La artista coreana Seulgi Lee creó una obra llamada “Cloches”, probablemente concebida como el resto para el espacio concreto de las caves de la casa de champagne Pommery.
Era una obra extraña, un columpio hecho con una rueda de coche, decorado con unas decenas de becerros y cascabeles. Pero la obra en sí no es lo que lleva a reflexión, sino su función.
El espectador llega a una sala subterránea donde hay un columpio colgado. La exposición es sobre el sonido, lo sabe bien, y precisamente ese columpio tiene cascabeles que le rodean, que seguramente suenen al balancearse. Pues fijaros hasta donde llega el cuidado del espectador temeroso del Arte con mayúscula, que a la mayoría le parece tonta la idea de un columpio que suene si no se puede subir a él, porque obviamente, una obra no se puede tocar, nos lo han dicho tantas veces que se ha convertido en una Verdad Universal.
Pues resulta que, leyendo posteriormente el tríptico de la exposición, una se entera de que sí que era para subirse, para balancearse, para escuchar el sonido generado de todos esos cascabeles gracias al movimiento propio. ¡Claro! Si no, ¿qué sentido tiene? Sin embargo, sólo una persona del grupo de veinte que íbamos se atrevió a hacerlo, y lo que todos concebimos como una gamberrada, era verdaderamente comprender la obra en su totalidad. El resto le miramos como si estuviera haciendo algo prohibidísimo, ilegal. Y en el fondo fuimos nosotros los borregos, las marionetas, que no entendimos la obra ni supimos disfrutarla.
En el Centro Pompidou de París había igualmente obras que perdían todo su sentido original al colocar las líneas en el suelo las cuales estaba prohibido franquear. En concreto una de Arte Povera del artista Gilberto Zorio llamada “Per purificare le parole” que se trata de una manguera, en origen con alcohol dentro, donde el espectador tenía que soplar simbolizando el acto mental de purificar las palabras, gracias a un proceso de transformación materializado en el circuito de la manguera. Pero allí estaban las líneas que se imponían en el espacio despojando de toda comprensión y sentido a la obra original.

Estos hechos se convierten una vez más en ejemplos del alejamiento obra-espectador, pues éste, temeroso, no se atreve a acercarse a la obra, y por consiguiente no la entiende ni llega a producirse el efecto que ésta pretendía.
Cloches, de Seulgi Lee

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: