Archivos Mensuales: abril 2012

La fabrique sonore y el arte contemporáneo

Cada vez me siento más lejos del arte contemporáneo. Sé que es un término muy amplio, y que decir esto es reduccionista y del todo arriesgado. Pero lo que sí que es cierto es que las exposiciones que he visitado recientemente de últimas tendencias artísticas no me han transmitido en absoluto, si es que se trata de transmitir. Estoy por la libertad artística, creativa e individual, pero no por el alejamiento del pueblo, por el elitismo, creo que ya se ha podido leer en otros posts. Sin embargo, a veces me da la sensación de que algunos artistas hacen todo lo posible para ser incomprensibles para la mayoría de la población, para que sólo los entendidos que han leído libros, artículos y críticas de arte puedan apreciar sus creaciones.
Pienso que muchas obras de arte contemporáneo tuvieron un sentido en su momento, en el que estaba todo dicho, y hubo que innovar, hubo que buscar nuevos caminos, hubo que expresarse, que sugerir conceptos ignorados. En ese momento el arte levantaba polémica, sembraba dudas, transformaba algunas mentalidades. Tenía una función. Ahora, a base de alejarse del pueblo, de querer ser incomprensible, el arte contemporáneo va perdiendo más y más visitantes, más y más público, simplemente personas físicas que lo comprendan, hablen de él y le sigan.
En fin, toda esta introducción es para contar que precisamente el otro día visité una exposición de arte contemporáneo que consiguió sorprenderme. Y en un lugar no menos elitista y refinado que la casa del Champagne Pommery, en la ciudad de Reims, al norte de Francia. Pues bien, los comisarios Claire Staebler y Charles Carcopino se decidieron a proyectar una exposición en las “caves” subterráneas de este dominio, 18 km de túneles oscuros con salas de forma piramidal al parecer concebidas por los romanos, todas de tiza. El lugar de por sí ya es sobrecogedor, oscuro, con olor a humedad, frío (está todo el año a 10 grados); pues qué buena idea entonces proyectar allí una exposición llamada “La Fabrique Sonore”, toda compuesta de obras que de alguna manera juegan con el sonido, despertando este sentido que muchas veces se adormece al contemplar las artes plásticas, en general. De ahí a que la visita a esas caves, cuya razón principal es la de conocer el proceso de fabricación del champagne, se convierta en una visita llena de sorpresas, de imágenes inolvidables, incluso de situaciones extrañas.
Casi todas las obras están concebidas para este espacio concreto, y el resultado es óptimo. El arte cumple sus funciones primitivas: sorprender, sobrecoger, crear admiración. Con una trentena de artistas internacionales reunidos, las obras exploran el proceso de producción poética del sonido y la manipulación de objetos. Orquestas mecánicas, paisajes sonoros e instalaciones musicales constituyen una multitud de partituras musicales oscilantes entre murmuros y rugidos, que hacen sentir al público como verdaderos espectadores de un extraño mundo subterráneo, y se sorprenden, como en los viejos tiempos..
A destacar las obras de Delphine Reist “Bruit de Bottes” 2011 ; Pierre Bastien “Mecanium” (en la foto); Jaques Rémus “L’Orgabulles” y Dominique Blais “Sans titre (les disques rouges)” 2011.