Archivos Mensuales: marzo 2012

Hablando de circo

El circo tiene algo especial. Tiene esa capacidad de hacerte pensar en paraísos lejanos o en juegos imposibles, de agarrarte de la mano y llevarte a soñar, subiendo alto, muy alto. Y es que cuando pudo superar sobre los años 80 al circo clásico (con animales), el circo contemporáneo se definió como un arte mayor que podía reunir teatro, danza, circo, imaginación y gimnasia. Todo cabe en un espectáculo de circo actual.

Por eso siempre es un buen momento para ir al circo, que ya no tiene por qué situarse forzosamente en una carpa a las afueras de la ciudad, pues el contemporáneo tiene cabida en cualquier espacio, preferiblemente con los techos altos, a poder ser el cielo.

Me gusta ver circo porque tengo asegurado que lo voy a pasar bien, que me voy a asombrar, que posiblemente soñaré un poco con humanos ultraligeros y coches sustituidos por ruedas alemanas, y personas-orquesta y pelotas y bolas transparentes que no se separan del cuerpo y saltos increíbles y personas graciosas y gente que no habla. Me traslada a otro mundo que no es este, y siempre con un tono jocoso, alegre, pues en el circo no caben los dramas propiamente dichos. Y aunque el drama sea parte de la vida, a veces está bien olvidarse de él.
Me gusta del circo que sea para todos los públicos, que igual los niños están participando hasta el final con los ojos que se les salen de las órbitas como los adultos no paran de reír y de maravillarse. Me gusta porque evita el elitismo, porque es para todo el mundo, porque no hay que ser un entendido para disfrutar del espectáculo, porque es humano y por eso nos conoce bien. Es atemporal, lo mismo impactaría a una persona recién vuelta del Medievo que a una del siglo XXI.
Además, cuando sales del espectáculo sigues en un mundo fantástico construido de caravanas y bombillas de colores, por lo que el circo no termina al concluir la función, sino que continúa en un modo de vida. Me parece que nunca te deja del todo insatisfecha. Hay veces que hubieras imaginado algo mejor, que lo comparas con otros espectáculos y sale mal parado, pero siempre te aporta algo, aunque sea esa liviandad provocada por alguna risa, algún impacto o alguna emoción.

Los últimos espectáculos de circo en sala que he visto han sido Le sort du dedans, del Circo Baró d’Evel (que por cierto vi en el Festival VEO 2011, por desgracia una iniciativa cultural más que se ha topado con una desastrosa gestión autonómica y ha terminado por desaparecer) y Du goudron et des plumes, de la compañía MPTA y con Mathurin Bolze como director artístico. Ambos muy distintos, pero magníficos y espectaculares; salí de ellos con más vida en el cuerpo, más energía, e incluso más ganas de creer en un mundo mejor.

Para terminar, quisiera hacer un llamamiento: que no se nos olvide el circo. El circo está ahí, a la vuelta de la esquina, siempre ha estado. Pensemos en programarlo, en darle cabida, en frecuentarlo. Siempre que se habla de artes escénicas se mencionan el teatro y la danza, pero el circo existe y está más vivo que nunca, es para todos y todas y está por todas partes. En Valencia tenemos la Associació Valenciana de Circ, en Alicante Donyet Ardit, seguramente en la mayoría de ciudades encontremos alguna iniciativa similar. Sólo tienes que seguir las carpas, los semáforos, los colores, las cuerdas, los trapecios, las luces, las ruedas, los aros y las bolas. Está al lado, y está abierto.

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