Archivos Mensuales: febrero 2012

La incultura del porrazo

Esta vez no hablaré de cultura, sino de la ausencia de ella, o del abuso de la misma. O simplemente, de algo que no tiene nada que ver. Quiero recordar algo que viene al caso esta semana.

Sucedió cuando tenía 15 años, ese día no había clase en el instituto porque íbamos una gran parte (siempre había los que aprovechaban para quedarse en casa viendo la tele) a una manifestación contra la LOGSE. Fue una de mis primeras manifestaciones. Recuerdo que me gustaban porque en ellas me encontraba con la gente del instituto en un contexto distinto, y también me sentía útil saliendo a la calle a quejarme por algo que creía que no estaba bien. Además, todas las manis terminaban en un picnic improvisado en cualquier plaza con barras de pan y lonchas de embutido compradas en un supermercado del centro.

Ese día era uno más, estaba la gente de siempre, las banderas y pancartas de siempre, el recorrido de siempre. Pero de repente, en vez de continuar por la avenida que normalmente atravesábamos, la manifestación giró a la izquierda y se metió por otra calle.  Algo empezó a pasar. El sonido y el movimiento de la manifestación se transformaron, todo se volvió violento, extraño. Entonces lo vi. Un chico del instituto que conocía había sido arrojado al suelo y un policía le daba porrazos entre dos coches. Me quedé paralizada. No entendía nada. Ya me paraliza de por sí la violencia pero esta además eras sin sentido y se supone que de un miembro de la autoridad. No podía reaccionar.

A continuación la policía se llevó al chico y a otros más, y todos fuimos a por ellos a la comisaría. Me acuerdo de que se me saltaron las lágrimas cuando por fin los dejaron salir y abrazaron a sus amigos. Ellos sólo tenían 16 ó 17 años, quizás menos.

Ese día no hubo bocadillo con embutido. Me volví a casa perpleja. Mi familia lo notó, y les conté con la voz temblorosa. Ni siquiera pude comer. Se me había desmontado todo. Lo que hasta ese momento había pensado que estaba para proteger se había convertido en algo que pegaba porque sí a gente que conocía, utilizando su autoridad. Algo se había derrumbado en mi cabeza, y había despertado en mí una conciencia crítica. No todo es como me lo cuentan, seguramente pensé.

Así que no sean ingenuos. Un porrazo no es sólo un porrazo para “castigar la desobediencia”, como dicen. El primer porrazo no es en vano, y se recuerda siempre, aunque no sea una la que lo ha recibido. Con un porrazo están despertando y multiplicando las mentes críticas y la cultura de la desobediencia. Y ellos lo saben bien.