Archivos Mensuales: enero 2012

PARIS II

Han pasado varias semanas y todavía no he hablado de las otras dos cosas que me llamaron la atención caminando por París.

Resulta que el resto de veces que había estado en esta ciudad, no había tenido tiempo a conocer otros barrios más populares, menos bonitos, más normales, donde vive la gente de a pie. Pues bien, esta vez tuve la oportunidad de asistir a una fiesta de las que montan Les Noubas d’Ici en el barrio de Belleville, que no está tan lejos del centro pero desde que bajas en la parada de metro de Ménilmontant, te das cuenta de que estás en otro París. Les Noubas d’Ici se autodefinen como “una plataforma artística e intercultural conectada a la sociedad numérica” que se reúnen cada tanto en el centro la Bellevilloise y que pretende más que nada, y al igual que el 59 de Rívoli, promover una cultura fuera de los circuitos establecidos, más abierta y plural. En les Noubas d’Ici cabe fotografía, diseño de moda, música, pintura, video, danza, diseño, coros de niños y todo lo que se le pueda ocurrir a la gente que por allí pase. Tuve ocasión de ir a la última fiesta que hicieron el 3 de diciembre y me sentí tan libre y cómoda como en el 59 de Rívoli. Totalmente recomendado para conocer ese otro París donde la gente se saluda y se sonríe. Por cierto, no lejos, en el 42 rue Cascades, está el Espace Louise Michel, fundado por el gran Lucio Uturbia, pero a este lugar iré en otra ocasión.

Algo diferente es el tercer lugar que me sorprendió: el museo Quai du Branly. Porque este sí es un lugar institucional y hierático, pero me llevó a algunas refle
xiones sobre este tipo de museos antropológicos: como la rareza de ver enormes tótems de Oceanía en medio de una ciudad con cielo gris; de observar las máscaras frente a la gente que pasa, personas que ves reflejadas en los cristales de las vitrinas con sus gafas, sus labios pintados, sus abrigos fabricados en serie. Esos reflejos frente a los tótems, las máscaras, las religiones animistas, las historias de civilizaciones lejanas (aunque no tan antiguas porque muchos objetos datan del siglo XX). En fin, la paradoja de estos museos, que por un lado nos hacen viajar, comprender, abrir una vez más la mente, y por otro son la consecuencia de un robo, de un expolio, de una masacre y de una mutilación de las culturas, de las culturas “superiores” sobre las “inferiores”, siempre lo mismo.

El museo se presenta como “un lugar de diálogo entre culturas” y es cierto que paseando por sus pasillos sientes que viajas de una cultura a otra casi sin darte cuenta (no está muy bien señalizado cuándo pasas de Asia a África y de África a América), pero claro, ¿cuál es el sentido de un museo antropológico en París? Un museo que toca todas las culturas menos la propia, que enseña expropiando, que supone una apertura de mente con un tono etnocéntrico y globalizador… Mi conclusión es siempre que si al menos sirve para hacer viajar y volver más tolerante a una sola persona, ya ha cumplido su función. Porque no es sólo museo, tiene una mediateca, un salón de lectura, un teatro al aire libre, un cine, programa talleres pedagógicos, espectáculos, conferencias, proyecciones, lleva a cabo investigaciones, propone actividades culturales y educativas y posee una maravillosa colección de instrumentos musicales. Más que un museo es un centro cultural que trata de acercar las diferentes culturas, la pregunta es si lo consigue, la reflexión sería de qué manera lo podría conseguir.

Una de las cosas que me llevé del Quai du Branly, al artista australiano Warlimpirrnga Tjapaltjarri.

 

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